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Una golosina nutritiva y refrescante
que deleita a niños y mayores.
El poeta griego Simonides mencionó por
primera vez en el siglo IV a.C. una especie
de helado a base de hielo de glaciar mezclado
con frutas y miel. Su invento se atribuye a
los chinos, que al parecer tomaban ya helados
muchos siglos antes Cristo.
La elaboración de helados se basa en
un truco de la física. Para mantener
su consistencia cremosa, hay que conseguir que
los cristales del agua congelada sean lo más
pequeños posible. De ahí la importancia
de remover constantemente mientras se congela.
Si queremos preparar un helado en casa y no
disponemos de una heladora, podemos recurrir
a este truco. Mezclar hielo picado con sal para
bajar el punto de congelación del agua,
ponerlo en un recipiente grande. Introducir
en el hielo un recipiente de metal con la mezcla
para helar y remover hasta que se congele por
la acción del frío exterior.
Los ingredientes clásicos para preparar
un helado son leche y frutas. La leche se mezcla
con la fruta triturada y si es necesario un
poco de de azúcar. La fruta se puede
sustituir por chocolate, vainilla, frutos secos.
Se pueden enriquecer con nata, trozos de fruta,
licor
El sorbete no contiene leche, sino que se elabora
con zumo de fruta y agua, por lo que resulta
más refrescante.
A veces se utiliza huevo para que la mezcla
resulte más cremosa y ligera.
Casi todos los helados son un buen caldo de
cultivo para bacterias, por lo que la higiene
en su elaboración y conservación
es fundamental.
La mayoría de las bacterias no se reproducen
en sustancias congeladas, pero normalmente no
mueren y algunas se pueden reproducir rápidamente
si se descongela. Por eso se desaconseja volver
a congelar un helado derretido.
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