|

A finales de Septiembre cuando
la oliva adquiere un color morado indicando
su punto óptimo de maduración,
se preparan las almazaras para sacarle todo
su jugo.
El aceite de oliva se remonta a épocas
inmemoriales. Se piensa que fueron los Fenicios
los que lo introdujeron en la cuenca mediterránea.
En la Antigüedad se consumía en
grandes cantidades debido a sus múltiples
aplicaciones: Se utilizaba en la alimentación,
en la medicina, en la cosmética, como
combustible para lámparas, como lubricante
para enseres.
En Roma el consumo del aceite de oliva era tan
elavado, que sus cultivos no cubrían
la demanda, por lo que tenía que importarlo
desde las provincias del Norte de Africa y de
la Península Ibérica. Prueba de
ello es el monte Testaccio cerca de Ostia, una
colina formada principalmente por fragmentos
de ánforas de aceite.
A diferencia de otros aceites vegetales, que
se obtienen mediante un proceso de refinado,
el aceite de oliva virgen se obtiene al prensar
en frío el fruto, por lo que constituye
un producto completamente natural.
Para asegurar la calidad del aceite se han de
tener en cuenta ciertos requisitos:
Recolectar la oliva en su estado justo de maduración.
Efectuar la recolección a mano o utilizando
un rastrillo flexible a modo de peine para no
dañar el fruto.
Prensar la oliva el mismo día de su recolección
para evitar que sus cualidades se alteren.
Si no cumple los requisitos de máxima
calidad, el aceite de oliva debe ser refinado.
El aceite de oliva virgen extra es el que se
obtiene del primer prensado en frío.
Es un producto natural y una fuente de salud
para el organismo al conservar todas sus propiedades
intactas.
Su alto contenido en ácidos grasos insaturados
lo convierte en aliado fundamental de las dietas
bajas en colesterol.
En la cocina, el aceite de oliva virgen es ideal
para multitud de platos fríos o calientes.
Además de ser saludable, realza el sabor
de ensaladas, revueltos, sopas, sofritos, guisos,
salsas y fritos. Una simple rodaja de pan rociada
con aceite de oliva virgen y azúcar o
el famoso “pa amb tomaquet” suponen
una delicia para el paladar del gourmet.
Es la grasa ideal para freir por tener la propiedad
de aumentar con el calor y la de soportar temperaturas
muy elevadas (180°C), lo que permite una
fritura crujiente y además que el aceite
se pueda utilizar varias veces.
|