de
oliva, pasta, arroz, legumbres, verduras,
hortalizas, pescado, fruta, queso, yogur,
frutos secos, especias, hierbas y consumo
moderado de carne y vino.
Algunos de los elementos utilizados en la
dieta mediterránea poseen también
propiedades curativas. Un ejemplo podría
ser el ajo que refuerza el sistema inmune
y proporciona elasticidad a los vasos sanguíneos.
El aceite de oliva se
utiliza de forma muy generalizada en la
dieta mediterránea. Se aconseja consumirlo
prensado en frío, ya que así
conserva todas sus propiedades.
Arroz posee gran cantidad
de almidón y cantidades moderadas
de proteínas y fibra. Casi no tiene
grasa. Es rico en fósforo, hierro
y magnesio y contiene poca cantidad de sodio.
El arroz integral tiene además vitaminas
B1 y B2.
Legumbres complementan
platos de carnes, pescados y verduras y
aportan proteínas muy valiosas.
Verdura es un complemento
importante por su gran aporte vitamínico,
sales minerales y aceites esenciales. Debido
a su alto contenido en fibra facilita la
digestión.
Pescado es fuente de proteínas
muy apreciada y provee a nuestro cuerpo
con vitaminas, jodo y oligoelementos. Su
contenido en ácidos grasos insaturados
son beneficiosos para la salud.
Fruta aporta grandes
cantidades de vitaminas, fructosa, fibra
y sales minerales.
Queso constituye un alimento
muy completo por su contenido en proteínas,
vitaminas, fósforo, calcio y grasas.
Frutos secos son ricos
en proteínas y aceites. Poseen sales
minerales, fibra e hidratos de carbono.
Vino facilita la digestión
si se consume moderadamente.
Como podemos observar, la dieta mediterránea
es muy variada y proporciona al cuerpo todos
los elementos necesarios para hacer frente
a enfermedades.
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